Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar

¿Alguien nos entiende?

Ha llegado a mis manos un interesante informe sobre el estado del lenguaje administrativo en España, realizado por Prodigioso Volcán. En dicho informe analizan 760 textos de páginas web y documentos de diversas administraciones a lo largo de toda España para estudiar la naturaleza del lenguaje con el que las administraciones públicas nos comunicamos con la ciudadanía.

Completan el estudio con un cuestionario a 20 personas técnicas de la administración pública y entrevistas a 6 especialistas en disciplinas de comunicación clara. Los resultados de este trabajo no dejan indiferente a nadie: el 78% de los textos analizados no son claros, el 85% de los trámites más habituales (DNI, empadronamiento, pareja de hecho …) no se entienden, esta cifra aumenta hasta el 97% si nos vamos a trámites más complejos como becas o subvenciones. Cuando se habla sobre violencia de género, al cuidar más el lenguaje y ser mucho más cercanos a las personas afectadas, los textos son claros en un 92% de los casos.

Es imprescindible que la ciudadanía entienda lo que queremos comunicarle para que participe en las políticas públicas y cumpla con sus obligaciones, para que ejerza sus derechos y exprese sus opiniones. Nuestras palabras tienen que acercarnos a las personas que nos leen no alejarnos más. Al leer el contenido proporcionado por nuestras PYMEL la gente debería sentir que les están hablando directamente en lugar de percibir que no queremos que nos entiendan. Porque, aún sabiendo el idioma, necesitan buscar un diccionario, consultar a otra persona o irse a otro lugar a recoger la información que su ayuntamiento tendría que haberle facilitado.

Según la Federación Internacional de Lenguaje Claro (PLAIN):

“Una comunicación está en lenguaje claro si la lengua, la estructura y el diseño son tan claros que el público al que está destinada puede encontrar fácilmente lo que necesita, comprende lo que encuentra y usa esa información”. 

Si no encuentran la información y/o no entienden lo que decimos es comprensible que no la puedan usar pudiendo quedar de esta forma partidas enteras dedicadas a proyectos sociales que nunca se ejecutan, dinero de ayudas, subvenciones y becas que no se solicitan. Los textos poco claros aumentan la desigualdad entre las personas, te conviertes en ciudadanía de segundo nivel por no tener los conocimientos técnicos necesarios para comprender lo que tu administración quiere decirte.

Esta Infografía de Rafa Camacho & Melián Abogados sobre el SuperVillano Incomprensit nos lo explica muy bien:

En esta situación parece que dejamos en manos de las personas la obligación de entendernos en lugar de buscar desde dentro la forma correcta de expresarnos para que les llegue el mensaje que les queremos dar.

Buscando el cambio en la comunicación organismos como el IVAP (Instituto Vasco de Administración Pública), el Ayuntamiento de Madrid o el Gobierno de Aragón, entre otros, nos ayudan con pequeñas guías como «20 consejos para mejorar la calidad de los textos jurídicos», «Comunicación clara – Guía práctica» o «Manual de estilo del lenguaje claro». Todos ellos coinciden en varias pautas que simplifican la comprensión del texto y que podemos aplicar en nuestras organizaciones:

  1. Recortar las frases. Cuando leemos frases que tienen 70 u 80 palabras nos cuesta reconocer la idea principal, utilizando frases de menos de 30 palabras la información queda más concretada.
  2. En lugar de utilizar largos textos descriptivos con varias argumentaciones intentar enumerar lo que vamos a exponer. Las listas enumeradas ordenan la argumentación.
  3. Tener cuidado con los incisos dentro de las frases. Para un mejor entendimiento los incisos no deben interrumpir el discurso principal, han de ser breves y no debe haber más de dos incisos en la misma frase.
  4. Evitar las perífrasis (expresión de más de una palabra que a menudo puede ser expresada con una sola). Por ejemplo, en lugar de utilizar «Desde el departamento de informática se dará oportuno aviso de la parada del servicio», usar «Desde el departamento de informática se avisará de la parada el servicio.» Optar por formas verbales naturales como responder, mencionar o elegir en lugar de dar respuesta, hacer mención o proceder a la elección.
  5. Deshacernos de los arcaísmos. Estamos en el siglo XXI, nuestros textos deben ser un reflejo del uso del lenguaje actual evitando las formulas fijas heredadas que le confieren un aire enigmático y artificial. Expresiones como «al amparo de» o «no ha lugar» podrían sustituirse por «de acuerdo con» o «no es posible» que son más actuales.
  6. No utilizar el gerundio en exceso ya que no indica la persona que realiza la acción ni el tiempo. Por ejemplo en lugar de usar el gerundio en la siguiente frase «Las modificaciones entran en vigor el 1 de enero permaneciendo en vigor hasta su modificación» usar el tiempo verbal correspondiente «Las modificaciones entran en vigor el 1 de enero y permanecerán en vigor hasta su modificación».
  7. Utilizar la oraciones activas en lugar de pasivas. Las pasivas proporcionan un carácter poco natural al texto y ralentizan la prosa.
  8. Prestar especial atención a la puntuación y acentuación. Una puntuación incorrecta dificultará mucho la lectura mientras que una acentuación errónea da sensación de dejadez por parte de la persona que redacta el texto. No olvidar que las mayúsculas también llevan tilde.
  9. Prevenir el uso abusivo de mayúsculas. Si al escribir una palabra dudamos si comienza o no con mayúscula mejor optar por la minúscula. Palabras como acta, informe, jefa de sección o notario empiezan en minúscula aunque queramos enfatizarlas.
  10. Reformular las frases evitando los términos técnicos o facilitando la comprensión de los mismos. Por ejemplo utilizar tramitada en lugar de diligenciada en la frase: «Se debe adjuntar una copia del aval debidamente diligenciada«. Si es necesario utilizar palabras técnicas podemos explicar el significado de las mismas entre paréntesis o en el pie de página.

Estas sencillas reglas permitirán ofrecer textos que puedan ser comprendidos por gran parte de la población, entendidos por el público al que van dirigidos.

Ya que estamos con el lenguaje atendiendo a todas las personas que lo van a leer debemos prestar especial atención al lenguaje inclusivo, un lenguaje que disminuye el sexismo y evita promover prejuicios. Redactar utilizando lenguaje inclusivo no quiere decir que tengamos que incluir los dos géneros gramaticales en cada una de las frases que escribimos sino que debemos evitar el uso exclusivo del masculino con acciones como:

  • La utilización de sustantivos genéricos: ciudadanía, infancia, público …
  • El uso de expresiones o palabras que engloben ambos géneros: alcaldía, titular de la concejalía, la dirección …
  • La sustitución de determinantes con género por otros que no lo tengan. Por ejemplo, en lugar de utilizar todos los miembros del tribunal usar cada miembro del tribunal.
  • La inserción de pronombres relativos: quien requiera el servicio en lugar de el que requiera el servicio.
  • El empleo de expresiones compuestas: personal eventual en lugar de los eventuales o la población alavesa en lugar de los alaveses.
  • No utilizar la @ para englobar a los dos géneros ya no que no un signo lingüístico y no permite su lectura.

Este cambio de lenguaje y de forma de comunicarnos no se va a dar de la noche a la mañana, será un proceso progresivo que iremos gestando poco a poco. Dentro de nuestra administración podemos ir realizando pequeños cambios: en plantillas de documentos que usamos como modelos, cambiando en los encabezados y firmas de decretos «El alcalde» por «Alcaldía» o «Titular de la concejalía delegada de…» en lugar del conocido «Concejal delegado de….», etc. Este tipo de modificaciones nos servirán para designar a cualquier persona que ostente el cargo sea cual sea su género. Un pequeño cambio que perdurará en el tiempo.

Es cierto que se han ido dando pasos en el lenguaje claro. Un ejemplo sería la «Carta de derechos de los ciudadanos ante la Justicia» aprobada por el Pleno del Congreso de los Diputados en 2002 en la que se habla del derecho del ciudadano a que el lenguaje utilizado sea sencillo y resulte comprensible para ciudadanos que no sean especialistas en derecho, respetando las exigencias técnicas. Pero no parece que estos impulsos hayan sido suficientes ni hayan calado dentro de nuestras organizaciones.

Como servicio público tenemos una obligación con la ciudadanía que, desde mi punto de vista, tendría ir más allá del lenguaje claro hacia la lectura fácil en la que se incluya a las personas con dificultades de lectura o de comprensión lectora, abarcando las ilustraciones, imágenes y maquetación además del texto.

Como diría la experta en lenguaje claro Estrella Montolío «salgamos de nuestro conocimiento experto para poder ponernos en el pellejo del que no sabe tanto como nosotros del procedimiento». Analicemos bien lo que queremos decir y a quién se lo queremos decir. Pongámonos en el lugar de las personas que reciben la información, pensemos si serán capaces de entender lo que buscamos transmitir y cómo se sentirán si no lo logran.

Visualicemos la cara de nuestras madres, padres, hijas, abuelos y resto de familiares; nuestras amistades, la gente que vive en nuestro edificio o barrio, la que saludamos cada día por la calle … Tal vez así seamos conscientes de la importancia que tiene que nos entiendan y poco a poco vayamos cambiando nuestra forma de comunicarnos con la ciudadanía.

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Web construida con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: